domingo, 27 de mayo de 2018


 VIAJES POR LAS CANARIAS : TENERIFE (2016) Y LANZAROTE (2018)


LANZAROTE: Un destino sorprendente


"EL CHARCO VERDE"


Una costa llena de abruptos acantilados, un paisaje único entre desértico y volcánico, una vegetación exclusiva y la impresionante obra integrada en la naturaleza de César Manrique: Lanzarote es mucho más que sol y playas.

Los Jameos del Agua es quizá la obra más reconocida de este artista y arquitecto Lanzaroteño. Aprovechando la acción de la erupción volcánica y el tubo volcánico que surge en consecuencia, Manrique consigue una obra integrada plenamente en la naturaleza. En el interior se habilitó una cafetería en una ubicación privilegiada junto al lago de la cueva, un auditorio y un jardín típicamente canario.





El mirador del Río y el Jardín del cactus son otras de las obras de Manrique que merece la pena visitar. El Jardín es especialmente curioso, con cientos de variedades de estas plantas y una preciosa ambientación acorde a la isla.




 El parque Nacional del Timanfaya es uno de los puntos fuertes del viaje: todo un espectáculo de volcanes, vegetación endémica y paisaje lunar. La parte declarada Parque Nacional solo puede visitarse en ruta guiada cerrada, sin embargo en los alrededores sigue el espectáculo volcánico y se pueden hacer rutas por diversos puntos. Una bastante cómoda y asequible es la del Volcán el Cuervo que incluye un camino de bajada a su cráter.








Otro paisaje que no debemos perdernos es el valle de La Geria, donde se cultivan los vinos de la isla, aprovechando las cualidades del terreno volcánico. El resultado del contraste entre el verde de la viña plantada en pequeños huecos y el negro de la tierra es espectacular.




La costas de Lanzarote también merecen una buena visita y sesión de fotos: Los acantilados de los Hervideros, la preciosa cala del Papagayo, de difícil acceso pero muy recomendable, el Charco Verde o los Charcones. Cualquiera de ellos son zonas con unas vistas y un paisaje únicos.










Pero por supuesto el encanto de Lanzarote son también sus pueblos, con sus plazoletas y  sus casitas blancas resaltando entre el negro del paisaje y en algunos casos entre idílicos palmerales: Yaiza, Teguise, Haría o Tahíche, que incluye la Casa de los Volcanes, lugar de la Fundación de Cesar Manrique: una impresionante creación del artista realizada sobre cinco burbujas volcánicas.



Salinas de Janubio

Monumento al Campesino

Mercadillo de Teguise

Además, la salinas de Janubio, el Monumento al Campesino, la Casa de César Manrique, las bodegas de la Geria, ... Lanzarote es un destino que sorprende, mucho más allá del típico "binomio sol y playa".
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EL PARQUE NACIONAL DEL TEIDE: ATERRIZAJE EN LA LUNA
septiembre de 2016

“Uno de los lugares más ricos y diversos en sucesión de paisajes volcánicos y espectacularidad de valores naturales de todo el mundo.” Así justificaba la UNESCO su distinción como Patrimonio Mundial para el Parque Nacional de las Cañadas del Teide. Poco se puede añadir sobre el gigante volcánico que con sus casi 3.800 metros preside la isla de Tenerife y que junto con su entorno constituye el Parque Nacional de las Cañadas del Teide. La cumbre más elevada del relieve español es además un emblema para el turismo del país, que atrae poderosamente no solo a aficionados a la montaña sino a cualquier visitante. La cantidad de senderos y rutas alternativas una vez entrados de lleno en el Parque es tal que necesitaríamos unos cuantos días para hacernos una idea aproximada de por qué ha sido reconocido Patrimonio de la Humanidad desde 2007: los Roques de García, la Tarta, el Llano de Ucanca, Arenas negra, Las minas de San José...  las posibles rutas son infinitas, y es en el Centro de información del Parque donde se nos indican las mejores opciones para realizarlas. Es por ello y porque la mejor manera de disfrutar el Teide es recorriéndolo y observándolo, que este relato no pretende ser una guía sino más bien un pequeño reportaje fotográfico con la intención, algo pretenciosa, de incitar al viajero a realizar este “viaje lunar”, porque el Teide es sobre todo eso un espectáculo visual que traslada al visitante a otro planeta, a otra galaxia.

Lo que sí está claro es que para que la visita resulte mínimamente completa no debemos limitarnos a subir a la cumbre del Teide, aunque es indudable que el ascenso en teleférico es uno de los puntos fuertes del itinerario. Sin embargo el Parque Nacional da para mucho más y requiere más de una visita, pues la variedad de escenarios que se pueden recorrer no es desdeñable.

Una opción es entrar por la zona norte de Tenerife. La carretera nos va a ir adentrando en la Corona Forestal que rodea el Parque y podemos realizar algunas paradas en los miradores que salpican la serpenteante carretera.  Al fondo nos irá  guiando el gigante que aparece rodeado de su característico mar de nubes hasta encontrarnos  con el  Centro de Visitantes "El Portillo” que sirve como centro de Interpretación del Parque.  Continuando el ascenso y antes de llegar a la estación del teleférico nos encontraremos con un curioso paraje  que nos va a llamar poderosamente la atención por su extraño color: son las Minas de San José, una antigua explotación a cielo abierto de donde se extraía piedra pómez. Un pequeño parking nos permitirá abandonar unos cuantos minutos el vehículo y adentrarnos en lo que parece un paisaje de ciencia ficción: el  color verdoso de la arena contrasta con el rojizo paisaje y si avanzamos un poco nos encontraremos con curiosas formas rocosas, algunas plantas adaptadas a las duras condiciones climatológicas del Parque y unas hermosas vistas con el Teide de fondo. Con todo ello la parada resulta preceptiva para cualquier aficionado a la fotografía. 



Si continuamos unos kilómetros nos acercamos a la estación Base del Parque, donde se ubica el Teleférico. No debemos olvidar que la subida a la cumbre del volcán es uno de los objetivos del viaje al Teide, pero salvo que estemos en muy buena forma deberemos hacerlo por medio del teleférico que salvará un desnivel de casi 1.200 metros y nos regalará unas vistas de impacto en el ascenso. Es recomendable haber reservado el ticket previamente por internet pues las colas son bastante frecuentes. También es importante llevar protector solar pues la radiación en determinadas épocas es altísima. Otro aspecto a tener en cuenta es la indumentaria, ya que si bien en la zona de la Estación Base la temperatura puede resultar algo fresca dependiendo del día pero bastante aceptable, al llegar a la cumbre el descenso término es muy brusco y podemos encontrarnos con temperaturas próximas a los cero grados y en días ventosos o con niebla con una sensación térmica considerablemente inferior. Esto unido a un tiempo altamente cambiante nos sugiere que debemos ir bien preparados con algo de abrigo y por supuesto calzado deportivo o botas de montaña. 
 


El ascenso en teleférico nos va a situar a una altitud de 3.555 mts. es decir a tan solo 163 metros de la cumbre, ya que este último tramo no se puede ascender si no se ha solicitado previamente un permiso especial.  Desde este punto y en caso de no haber obtenido el permiso se pueden hacer dos rutas alternativas de gran belleza, aunque hay que tener en cuenta que el camino se hará más fatigoso debido a la altitud: una de las rutas transcurre hacia el mirador de Fortaleza  que ofrece impresionantes vistas de la parte norte no solo del parque sino de toda la isla. La otra nos lleva al Mirador de Pico Viejo, que permite la observación de un hermoso cráter volcánico y que en días despejados nos va a regalar unas vistas dignas de una postal que alcanzan a divisar las islas vecinas.  En cualquier caso el camino por un sendero rodeado de piedra volcánica resulta en sí mismo espectacular.







Una vez de regreso a la Estación Base podemos continuar la ruta dirigiéndonos hacia el Parador de las Cañadas donde podemos hacer un receso para comer o tomar un café en su terraza con vistas a nuestro siguiente objetivo, ya que de aquí salen varios senderos de gran interés.

Uno de los más conocidos es el de los Roques de García , formaciones volcánicas modeladas por la erosión, entre las que destaca la estampa icónica del Roque Cinchado, imagen emblemática del Parque. La vegetación es aquí algo más abundante en forma de matorral xerófilo y otras plantas adaptadas a la falta de agua y al clima de alta montaña. 



Muy próximo nos encontramos otro mirador al que se accede por un sendero ascendente que nos lleva a lo alto de una formación rocosa desde la cual se aprecian unas hermosas vistas del valle de Ucanca con su aspecto marciano salpicado de formaciones rocosas erosionadas que pueden incluso recordarnos la belleza de la Capadocia Turca.




Una vez incorporados de nuevo a  la carretera iremos encontrando nuevos lugares insólitos que nos harán parar inevitablemente: Es difícil no dejarse llevar por la imaginación al contemplar la vista que al caer el sol nos recuerda una imagen de un conocido cráter africano o resistirse a divagar sobre otros mundos al observar los “azulejos” por un caminito de rocas verdosas flanqueado de tajinastes rojos del Teide, que aunque secos en otoño conservan una especial belleza, por algo son uno de los más famosos endemismos del Parque. 


El trayecto de salida nos reserva también nuevas emociones pues los cambios del paisaje son tan bruscos como sorprendentes: Podemos optar por la carretera que pasa por el sendero del mirador de Sámara donde nos encontraremos inmersos en un paisaje de arenas negras en contraste con el verde del bosque de pino canario, que ha sabido sobrevivir y colonizar estas tierras. O en su caso circular por una vía rodeados de infinita piedra volcánica negra hasta donde nos alcanza la vista. 
 
Y así sin darnos cuenta iremos poco a poco abandonando este curioso paraje, alejándonos del gigante pero sin dejar la sensación de estar adentrándonos una vez más en los confines del planeta.

sábado, 11 de noviembre de 2017

pueblos sorprendentes




VIAJES POR LOS PUEBLOS MÁS SORPRENDENTES

FEZ (MARRUECOS)

 
Guardería infantil en Fez (Marruecos)
Hay lugares que al viajero le sorprenden y enamoran por su belleza arquitectónica, por el arte que respiran sus muros, o por una naturaleza generosa que los hace deslumbrantes.
Pero existen otros lugares que enganchan por su peculiar modo de vida: son pueblos carismáticos, con sus habitantes anclados en ancestrales tradiciones, aldeas donde el tiempo transcurre de manera diferente.

La Medina de Fez, en Marruecos es uno de ellos: localizada en el corazón de una de las antiguas Ciudades Imperiales y pese a estar permanentemente transitada por turistas, ha sabido conservar el sabor medieval, no solo en su aspecto sino en sus costumbres y en el día a día de sus habitantes.


La antigua Medina es un entresijo de calles y adarves que respeta en todo caso el antiguo plano medieval con que se construían las ciudades del mundo musulmán. Salpicada de mezquitas y habiendo crecido a la sombra de sus antiguas Madrasas o escuelas, Fez se ha nutrido de su importante Universidad y de su consideración como centro religioso y cultural del país.  A pesar de no estar exenta de belleza, pues en Fez el arte islámico alcanza su máxima expresión en los laboriosos azulejos de los patios, en las puertas de su Muralla o los trabajados adornos de las mezquitas, es la sensación de haber retornado a la Edad Media la que deja sin palabras al viajero: 






Vendedores de hierbabuena casi sepultados tras una montaña de género que se hacen hueco a los lados de las estrechas callejuelas, transportistas con sus burros cargados que se abren paso entre la gente a voz en grito, o puestecillos de carne en los que no resulta difícil encontrarse con la ingrata sorpresa de una cabeza de dromedario casi recién cortada a la venta, son algunas de las peculiares formas de vida que todavía están presentes en Fez. Aquí todavía pervive uno de los oficios que la hizo más popular y que hoy además de estar vigente constituye uno de sus reclamos turísticos por conservar toda su autenticidad: el encurtido y tratado de la piel.  Así no podemos abandonar Fez sin visitar el antiguo barrio de curtidores y colarnos en la terraza de alguno de sus viejos edificios para observar, en medio del fuerte olor, la actividad incesante de los trabajadores del cuero curtiendo y entintando las pieles que luego se venderán en los bazares de la medina. Es un espectáculo único, como todo el que en definitiva nos ofrece intramuros la ciudad de Fez.








 OBERAMMERGAU (ALEMANIA)

Tal vez menos auténticos pero no carentes de encanto, en Europa también podemos encontrar pueblos sorprendentes. El abrupto paisaje alpino es una buena excusa para conservar las tradiciones más pintorescas, y Oberammergau es una muestra de ello: situado en la región de Baviera, en un entorno privilegiado al pie de las montañas alpinas, este peculiar pueblo conserva viejas tradiciones en medio del continuo flujo de turistas que hacen una parada a medio camino entre Münich y el conocido Castillo de Neuschswanstein. 


Desde el siglo XVII y cada diez años sus habitantes conmemoran y escenifican la Pasión de Cristo, algo que atrae a multitud de turistas. El pueblo es también conocido por su larga tradición maderera y sus calles se encuentran llenas de talleres y tiendas de tallado de este material. Sin embargo lo más destacado de Oberammergau son sus fachadas dibujadas con frescos de gran calidad, que recogen diversos motivos e historias y que le han valido el nombre de Pueblo de Cuento.  Un paseo por sus calles nos descubrirá desde los cuentos de Caperucita o de Hansel y Gretel, hasta pasajes religiosos o historias costumbristas, todo un museo al aire libre, rodeado de un paisaje de ensueño. 





 Eso y su típicas construcciones bávaras con sus balcones de madera cargados de flores y su iglesia hacen de Oberammergau una parada obligada para quienes visiten la conocida ruta de los Castillos del Rey Loco.



 EL POBLADO DEL LAGO TONLE SAP (CAMBOYA)

Pero si de pueblos tradicionales hablamos, una vuelta por Asia nos va a descubrir los poblados  más peculiares:  los pueblos del lago Tonlé Sap en Camboya sorprenden al viajero por su peculiar modo de vida. 


En el Lago Tonlé Sap la pesca y el comercio se complementan hoy en día con el creciente desarrollo de actividades turísticas, sin embargo sus habitantes siguen mostrando ese lado auténtico que los hace únicos: casas flotantes que se deben trasladar al llegar la sequía y bajar el nivel de las aguas o palafitos fijos que se elevan unos cuantos metros y a los que sus habitantes solo acceden a través de rudimentarias barcas o canoas, conservan un modo de vida cuanto menos peculiar. En el poblado encontramos desde iglesias hasta tiendas y colegios flotantes y se puede observar el trajín de los pescadores batiendo con una especie de raquetas los pececillos capturados en las redes, o granjas de cocodrilos que servirán para elaborar artículos de piel e incluso para alimentar la curiosidad del turista occidental, algo que a la vez nos produce cierto rechazo, pero que para ellos es su única fuente de ingresos.




La vida en el Tonlé Sap y en general en Camboya no resulta sencilla. Su historia reciente no puede ser más convulsa: guerras civiles, golpes de estado e invasiones han dejado al país sumido en una gran crisis. Hoy día alguno de estos pueblos se están levantando gracias al impulso turístico, sin embargo los beneficios siguen quedando en manos de cadenas extranjeras y grandes empresas, mientras el pueblo malvive apenas con lo básico. A pesar de la supuesta obligatoriedad de la escolarización, es muy frecuente encontrarse con niños ejerciendo de vendedores en las zonas más turísticas ofreciendo artesanía, apelando a la sensibilidad del turista que se siente casi obligado a comprar, algo que desaconsejan las ONG locales pues  no es sino una forma más de perpetuar esta nueva esclavitud del siglo XXI.









Así, en estos lugares llenos de encanto por su autenticidad se nos presenta la tremenda paradoja del turismo de este siglo:
El desarrollo turístico imparable puede suponer un gran impulso para la economía de muchos pueblos, sin embargo en la mayoría de ocasiones choca con el auténtico modo de vida de la población local y resulta irrespetuoso y a la larga perjudicial. La única solución para la supervivencia a largo plazo es la del Turismo Sostenible a través de una regulación y control de la actividad turística que hoy día ya se está llevando a cabo en muchos lugares, pero que todavía en la práctica adolece de grandes defectos.





sábado, 30 de septiembre de 2017

S. petersburgo

                                     
                                  SAN PETERSBURGO: EL otro gigante del turismo ruso

Iglesia del Salvador de la Sangre Derramada

Si la visita a Moscú nos da una idea del poder que ostentó en su día el gigante soviético pero también de la grandeza del imperio zarista, continuar  viaje hacia San Petersburgo nos remonta nuevamente a su pasado más glorioso.

La llamada Venecia del Norte, es la ciudad imperial rusa por excelencia. Capital de la Rusia de los Zares hasta 1918 y centro neurálgico de la Revolución, de la antigua Leningrado poco queda (salvando el Acorazado Aurora símbolo de la propia Revolución) que nos recuerde a su pasado bolchevique. En San Petersburgo son conscientes de que es la huella del imperio zarista la que la convierte en la potencia turística rusa por excelencia.
Sus calles señoriales están repletas de edificios de gran valor arquitectónico, pasando  del barroco al neoclásico y llegando hasta el modernismo. Sus múltiples canales nos permiten visitarla desde otra perspectiva, descubriendo bellas iglesias de cúpulas doradas deslumbrantes: la ciudad del Neva nos ofrece por tierra o por agua dos puntos de vista diferentes.
Pero paseos aparte, quien va a San Petersburgo debe ser consciente de “los imprescindibles” qué no puede dejar de visitar:
El Palacio de Invierno, símbolo inequívoco del poder del Zar pero también de la consagración de la Revolución bolchevique, es una de esas joyas que brilla no solo por su bella arquitectura barroca, sino también por sus deslumbrantes interiores : comenzando por la majestuosa escalera de acceso al Palacio pasaremos por un sinfín de salones y habitaciones de inimaginable decoración: los dormitorios, la sala de música, el salón malaquita, la biblioteca o la sala de fumadores entre otros, recogen los diferentes estilos que entusiasmaban a los zares. De la misma época se muestran también miles de objetos: joyas, vajillas, armas…  algunos de manufactura rusa y otros muchos adquiridos en diversas partes del mundo, que dan una idea del lujo que ostentaba entonces el poder real. Entre ellas se encuentra el Reloj del Pavo Real una de las más exóticas y hermosas joyas de la colección del Zar: un antiguo reloj dorado de gran tamaño que despliega la cola y mueve su cabeza al tiempo que suena la música. Una obra de arte que incluye otras figuras móviles como el búho y el gallo,  y que es uno de los más fotografiados y reconocidos del Palacio.


Palacio de Invierno (Ermitage)
Pero el Palacio de Invierno no destaca únicamente como tal, ya que en él se guarda una de las más grandes e importantes colecciones de pintura, no en vano el Ermitage está considerado una de las tres mejores pinacotecas del mundo, junto con el Museo del Prado y el Louvre. En sus colecciones quedan representados diferentes estilos: desde la pintura española de Velázquez, Ribera o Murillo, pasando por la italiana de Da Vinci, Rafael o Tiziano y la escuela flamenca de Rubens, Rembrandt o Van Dick, hasta el arte abstracto de Kandinsky, o el paisajismo romántico de David Friedrich. En un anexo junto al Palacio, el Ermitage incluye también una importante colección impresionista y postimpresionista representada por Cezanne, Monet, Gauguin, Van Gogh o Seurat entre otros muchos. En total la colección del Ermitage nos va a requerir un día completo, aunque sea para poder visitar al menos una centésima parte de lo que es este impresionante museo.







San Petersburgo es también una ciudad de cúpulas resplandecientes gracias a su arquitectura religiosa, y una de sus joyas más destacadas es la Catedral de la Resurrección, más conocida como la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada, por estar levantada en el lugar en que el Zar Alejandro II perdió la vida en un atentado.
La reciente manufactura de esta iglesia que data de finales del siglo XIX y principios del XX no le ha impedido ser considerada una de las más bellas del país: edificada al pie de uno de los canales de San Petersburgo, sus cúpulas de cebolla al estilo de la arquitectura neobizantina rusa, y los coloridos azulejos y piedras que recubren la fachada son especialmente deslumbrantes a la puesta de sol. Sin embargo, la verdadera joya de la iglesia se conserva en su interior: un delirio de mosaicos de colores que recubre unos 7.000 metros cuadrados a lo largo y ancho de paredes y techos representando diferentes momentos del cristianismo, dejan casi en éxtasis a cualquier aficionado al arte. Si se visita de noche  (hay una visita nocturna desde las 6 a las 10 de la noche) se encontrará probablemente menos gente, y si además la noche está lluviosa y de tormenta como fue en mi caso, tendremos el privilegio de encontrarnos prácticamente solos en el deslumbrante interior y así disfrutar plenamente de una de las creaciones artísticas más hermosas del mundo. 






Otra iglesia imprescindible aunque muy diferente de la anterior es la Catedral de San Isaac. Grandiosa y de aspecto neoclásico en su exterior, destaca desde lejos por su gran Cúpula y columnata que recuerda algo al estilo del Vaticano. Pero una vez más el punto fuerte de la iglesia está en su interior: mosaicos, frescos, esculturas y vitrales de extraordinaria calidad comparten protagonismo con bellas columnas labradas en malaquita y lapislázuli, resultando un conjunto armónico y deslumbrante que hace que la visita deba alargarse por lo menos una hora para disfrutar de cada detalle. 
 
Podríamos completar la visitas con la catedral de Nuestra Señora de Kazán donde todavía hay culto y con multitud de Iglesias hermosas, con cúpulas brillantes que incluso de noche resplandecen, pero San Petersburgo es mucho más que sus catedrales y requerirá de varios días completos. Al lado del Neva nos encontramos con la Fortaleza de Pedro y Pablo, donde una vez más la arquitectura religiosa centrará parte de nuestra atención, con la Catedral de San Pedro y Pablo que además de sorprendernos con su impresionante y recargado iconostasio, nos permitirá conocer parte de la historia con los sepulcros de varios de los miembros de la familia Romanov, última dinastía zarista.
En la Fortaleza también podremos admirar la aguja de la torre de la Iglesia que destaca desde cualquier punto de la ciudad, o la estatua de Pedro el Grande, además de conocer lo que en su día fue la prisión donde estuvieron recluidos Trotsky, Dostoievski o el líder anarquista Bakunin entre otros.
Pero si hay un lugar que sirve de emblema a San Petersburgo ese es el Palacio de Peterhof, situado a unos 30 kilómetros de la ciudad, y al que se puede acceder en autobús o en barco (esto último muy recomendable al tratarse de grandes y modernas lanchas rápidas que hacen el trayecto en algo más de media hora). Edificado en un gran bosque al pie del Mar Báltico en el golfo de Finlandia, Peterhof es una muestra más del gusto por el lujo y el buen vivir de los Zares. 








El Palacio utilizado sobre todo durante la época estival, muestra el interés de su promotor el Zar Pedro el Grande por asemejarse a Versalles: hermosos jardines y fuentes barrocas, sorprendentes juegos de agua, pequeñas construcciones a modo de palacetes y sobre todo la gran cascada con una escalinata que asciende de la parte baja de los jardines al Gran Palacio, custodiada por decenas de esculturas doradas bañadas por una multitud de chorros, conforman la imagen más célebre no solo de Peterhof sino de todo San Petersburgo.
Merece la pena dedicar casi un día a visitarlo con calma, fotografiar sus fuentes y esculturas y pasear por sus jardines donde podemos ver multitud de pájaros e incluso ardillas que se acercan confiadas a comer de nuestra mano.
Para finalizar, no debemos dejar San Petersburgo sin conocer su vida nocturna en  las calles del centro y aprovechar para ver las cúpulas iluminadas de sus iglesias y monumentos, pero sobre todo no debemos perdernos el espectáculo nocturno del levantamiento de los puentes: y es que en San Petersburgo es el Neva quien marca las horas y así, después de la medianoche los puentes se abren como si se partieran en dos, para dejar paso a decenas de barcos que esperan pacientemente continuar su viaje por este emblemático río, eje vertebral de esta preciosa ciudad, una de las joyas del turismo en Rusa.